La paso de leche


Corría un sábado normal como cualquiera en la mansión Romero, y más allá de que Goya se levantó un poco más temprano y se metió a bañar, no hay mucho por decir. Llegaba la hora del desayuno y Mimi me dijo que sirviera leche en una jarra y la pusiera en la mesa. Como no había leche, tuve que ir a comprarla.