Cantando en el baño


Hoy como todos los días, me bañé a la misma hora con música tocada desde mi celular. Y, por lo que pasó después del baño, tengo un amiguito levantado al estilo "querido Penthouse".

Perdón por la referencia cultural tan abuelera, pero ustedes, señoras, ya saben que soy abuelero de ésos que cuando ven a un orejón le dicen adiós, mi chore, y cuando ven a una viejota le dicen que su papá es un ladrón porque robó dos estrellas para ponerlas en sus ojos. En fin, a lo que erecta, Chencha.
Suena la alarma de que ya me debo meter a bañar y agarro los calzones, la toalla y me meto a bañar a las ocho veinte de la noche cuando el agua está caliente por el sol de mayo y la regadera se ve un poco roja por el ocaso. Pongo el celular con volumen alto y empiezan las canciones de Riké, creo que la de reveillez vous, y luego una de Zaz: les passants. Nada sexy, pues, es que yo nomás tenía la intención de tallar un poco y no tanto como Tintán, pero recuerdo que salí de la regadera con un canturreo en francés de una traducción con la que jugaba: voici le corrido du chevau blanc, qui un joli dimanche partait très heureux. y pos que yo me acuerdo, y me acordé. Perdón por esta imagen, pero fue lo que pasó hasta que un ruido me interrumpió: alguien quería abrir la puerta. y yo lancé un quìéh? pero no contestaron. Tonces, como es el único baño en servicio de la mansión y no quería lidiar con limpiar una taza en reparación con una bola de helado de café encima, me apresuré a salir del baño previa limpieza del área usada.
Goya estaba afuera del baño, algo lejos, pero se acercó incluso más que lo que una mexicana se acercaría a un mexicano.
Escuchar a una francesa hablar en francés es algo incluso vulgar a veces, grotesco como una big mac; pero que una italiana de la que no sabías que hablaba francés te presuma que sabe algo de esa lengua, es suculento.
Allí estaba ella bajo una camisa de hombre mal planchada, la cual sabe de dónde carajos haya sacado o si oculta alguna historia. Por la rapidez de la situación no pude notar la presencia o ausencia de más ropa, pero no había brasier porque cuando se acercó jugueteaba con un mechón de sus cabellos y el desabrochar de su camisa.
El mostrarme quizá accidentalmente la parte de enmedio de su pecho y lo mismo su pancita menuda e italiana, y pronunciar con un lamer nervioso de labios un je peux? me hicieron callar. Sólo asentí y me hice a un lado, preguntándome hasta qué punto estaba el límite de esa pregunta de que si podía. Tendré toda la noche o toda la siguiente ducha para imaginar el OD. Y, por otra parte, todo apunta a que podré practicar francés aunque es importante que ella hable en español.

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