Inundación.


Parece que todo lo que entendió Mimi de cuanto le conté, fue que Goya hablaba francés. Pero eso es otra historia posterior.
Terminaba yo de escribir sobre la seducción quizá accidental de Goya (y digo accidental porque ella es accidentalmente sexy) cuando al levantarme escucho como si estuviera cayendo agua desde el segundo piso y efectivamente así había sido.
Una de las costumbres de nuestra familia y también un hábito de higiene y protección, es que al caño le ponemos tantos tapas y tapones como se le puedan poner porque tenemos miedo de que entre algo por los caños y, además, eso evita que en época de calores se cuelen algunos olores feos. El problema fue que, por ocultar el desconcierto que me causó con su juego de palabras, a Goya no le dije que debía quitar estas protecciones. Así que me asomé y en eso ella abrió la puerta del baño y exclamó un muy sonriente hopa como si fuera griega y caminó chapaleando algunos pasos y luego se detuvo. Me vio algo avergonzada. Bonita, pero avergonzada. Para que ella riera, reí y dije Goya Mala, pero ella se puso roja. Bajé y subí por el trapeador y ella no se había movido, pero aventaba el agua con el pie hacia la regadera, lo cual era inútil porque no había quitado el tapón que estaba debajo de la coladera. Entré al baño, lo quité y se lo mostré: "paranoia mexicana. No hay problema". Y bueno, ella apenas este lunes va a ir a sus clases de español, así que por ahora parece bien que entre sus interacciones con otras personas tenga que estar empujando el agua con el trapeador y la escoba. De ropa que usaba, si le interesaba saberlo y sólo por eso estaba leyendo hasta este punto, digamos que usaba un pantalón italiano. De la marca Jeans.

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