Semana uno de Goya: El Inalambric


Si Goya hubiera hecho sus inscripciones en el Vancouver, ya hablaría más. Pero yo soy el homestay y no su maestro, así que yo sólo hablo, sin corregir, de la misma manera que creo que hablan todos los mexicanos con los extranjeros: rápido y según nosotros sencillo.
Pues sí, ahora ya habla un poco más y cuando uno de nuestros amigos llega a la casa, ya puede decir que se llama Goya y que es de Italia. Y sonó raro que le dijera a un amigo que le gustaba el capuchino cuando éste hablaba de que Italia tiene forma de bota. Vaya Dios a saber qué quiso decir.
Por el momento ella dice que le gusta la comida, quesque los molletes, los chilaquiles, el huevo, la fruta y otras cosas, pero no se ve contenta. Mi idea es que le demos más verduras y pastas a ver cómo reacciona. Y además, debemos mejorar de alguna forma el lonche que se lleva a la escuela porque ayer llegó con él y eso es malas noticias.
Fue difícil la cuestión del transporte, porque yo y Mimi entramos temprano al trabajo y Goya entra hasta las 9 y media. Una vecina nos ayuda a enseñarle a usar el transporte y esta semana Goya ha ido en camión hasta la escuela y a veces Mimi la recoge en la tarde, pero esperamos que la próxima semana ella pueda hacerlo sola. Ya conseguimos un celular que registré a mi nombre en caso de pérdida y lo va a llevar para uso personal. Estamos viendo si le cobramos o no por el celular, pero creo que sólo basta con que nos lo regrese. Es cierto que ya habla más, pero todavía sentimos como si estuviéramos enseñándole a vivir a una bebé. Nos espera una difícil y seria conversación sobre los papeles y la taza del baño, pero ya será después. El fin de semana, paseamos por el baratillo y le tuve que enseñar las palabras cuánto cuesta para que no italianeara ni ingleseara.
Al regreso, me preguntó: ¿Cuánto cuesta Internet? y le dije que no sabía bien porque era un paquete con la televisíon, pero luego me dio una hoja con la información de esta casa entregada por la escuela y me señaló "Innalambric Internet". Después de reírme, le pasé la información del wireless, no sabía que ella tenía algún aparato que se conectara a Internet y la pobre ya lleva dos semanas solo en el teléfono o en la compu de uso público. Bueno, a ver cómo le va en sus viajes del autobús.

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