Guancho

Nuestro equivalente a la batiseñal es escribir una pregunta en la que se pide de manera especifica el favor requerido y terminar la publicación con un "hay chelas". Por eso, mientras yo redactaba la llamada de auxilio para ver quién respodía, Diabloadentro, especialista en el arte de la bebida, fue a comprar la recompensa. Aunque también lo hizo porque Goya salió de la casa y él tendría mejores oportunidades de ver un cuerpo femenino en la calle que en este recinto.

Yo, con media mano menos y en una casa llena de agujeros al punto de que sería mejor decir que la casa está formada por agujeros y grietas, no podría atender el caso del ratón infiltrado con la rapidez necesaria. Diabloadentro, también, es más como yo: un cuerpo inerte que prefiere sólo planear las cosas y coordinar a otros hasta que la bola de idiotas bajo nuestro mando haga una peripecia digna de su estatuto mental o se nos queden viendo con una carita tierna de helplessness. Por esto, era necesario llamar a los refuerzos.
La respuesta en un día viernes fue de tres contactos. Dos eran defensores de los animales y estaban espantados por nuestro intento de desterrar a un ratón inocente de su hogar. Y el otro, por el contrario, era Guancho.
De dónde viene su nombre o por qué lo escribieron con una G y no con una J es todavía un tema de crisis de identidad con el pobre Guancho. Pero, fuera de su tendencia a resolver todo con violencia o con el uso de salsa catsup, es el mejor de nuestros amigos para recibir órdenes y su disponibilidad siempre es alta. Pero esta vez, como andaba haciendo catsup casera porque se enredó en un triángulo amoroso con la catsup y con una chica que sólo come aquello que no es producido industrialmente, prometió que llegaría el sábado por la mañana. Diabloadentro y yo tuvimos que pasar una noche de cervezas y planeación de estrategias para sacar al topolino.
Por la noche, instalamos trampas pegajosas para el ratón en áreas en donde supusimos que un ratón podría pasar en busca de alimento. Y también intentamos ponerlas en donde el pobre Semefo no las pisara. Pusimos cuatro que ya llevaban tal vez un año en la bodega. Llamamos bodega al horno de la estufa. Y de las cuatro que estaban en el horno, una quedó afectada porque Diabloadentro quiso comprobar con su mano si el pegamento todavía funcionaba. Aun así, pusimos cuatro trampas. Una cerca del baño, donde lo vio Goya; otra por las escaleras donde atacó a Semefo; otra cerca de la estufa porque pensamos que el calor lo podría llamar; y la última cerca del bote de basura orgánica, nomás a ver si el huespedito se acercaba por la promesa de comida.

Ya eran las dos de la mañana cuando dejé de leer y, llevado por la sed y el sueño, bajé a la cocina por un vaso de agua. Al prender la luz, me tocó ver que la trampa de la estufa había atrapado algo. Era un ratón asustado que intentó esconderse ante mi presencia y por la luz. Me tocaba matarlo, llevarlo a la tienda de mascotas donde venden boas, o liberarlo a la calle para que no volviera, pero, además de la sed, me invadieron las ganas de ir al baño. Como el dicho es "primero orinar que ser cristiano", fui al baño a descargar todo lo leído para después, con una vejiga vacía y el corazón helado, encargarme del Masiosare.
El nombre de Masiosare para el ratón se me ocurrió en el baño. Intentaba humanizarlo para no matarlo y dejarlo encerrado en algún pomo para llevarlo al día siguiente a la tienda de mascotas o aventárselo a un vecino que empezaba a caerle mal a todo el mundo. Pero decidí mejor matarlo, pues es lo que ha hecho siempre la familia. Supongo que lo hacían como advertencia y escarmiento para los otros ratones del mundo. No entiendo por qué tanto uso de violencia.
Cuando entré nuevamente a la cocina, pude notar que el pegamento de la trampa ya estaba vencido y el ratón ya estaba escapado. En la trampa quedaban trazos de un cuerpecito que se había escapado, dejando tanto pelo que parecía una tira usada de material para depilación. Su primer escape lo había vuelto más inteligente. El día siguiente nos deparaba un esfuerzo aun mayor. Por suerte, Guancho, Diabloadentro y yo estábamos listos para lo que viniera.

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