Esute...

Desde hace tres días, Goya había comenzado a decir "hora" en lugar de hola, como todo estudiante japonés. Yo de payaso le respondia un hora igual y luego lo único que sé decir en japonés: ¿Cómo estás? Pero hoy mientras cocinaba me había dado por jugar con el horno para ver si servía después de diez años de ser bodega de bolsas y tés cuando detrás de mí escuché ese distintivo saludo de la Goya de los últimos días, pero le había cambiado también la voz.
Al voltear a verla, no vi esa altura potresca y bien formada, sino a un japonés ñenguillo, chaparrito de pelo pintado y con ojos un poco más jalados que los de otros estudiantes. Lo impactante de este japonés fue que aparecio de la nada en mi cocina y me saludó como si viviera aquí. Y encima dijo que tenía hambure. Algo lejos escuché la risa de Goya como si estuviera haciendo una travesura y asimismo el japonés luego dijo perudón. Se presentó, dijo que se llamaba Esute. Amable, el muchacho.
Como es hábito de los mexicanos, le ofrecí a quedarse a comer y como debe ser hábito de todos los que tienen hambre, él aceptó.
No es cómodo trabajar cuando alguien nos está mirando, y mucho menos si es un tipito curioso y flaco que suelta interjecciones orientales cada que se mueve una cuchara.
Ponía más agua a los frijoles y ahí estaba él. Volteaba las tortillas y ahí estaba él. Algo más de agua y ahí estaba él. Daban ganas de escupirse las manos para que quedara mejor, pero ahí estaba él. incluso Semefo se sentía espiado aun cuando no lo podía ver. La única inmutable era Goya, con un gesto de dictador sexy de esos que nomás mandan hacer viajes a la luna para ver la reacción de la gente.
Reproduzco textualmente que Esute dijo, luego de agarrar confianza: "¿Mañana yo casa voy a viajo y necesito amigo hay la tienda de drogas?" Lo dijo con los nervios de hablar otra lengua y con cara de no me van a entender, pero en él se notaba que realmente me preguntaba algo, o que había hecho énfasis en su entonación. Ante tal pregunta yo respondí a la japonesa, con la sincronización de una mirada perdida, un jum de garganta, un fruncimiento de labios y una cabeza que asintió. La siguiente palabra fue para confirmar si a las siete, yo dije que sí. Para confirmar, pregunté a Goya durante la comida si quería ir después a Plaza Patria a la farmacia, pero por la cara que puso Esute, parece que era para algo que le daba vergüenza. Así que iremos todos al centro comercial para  que Goya se distraiga mientras estamos en la farmacia. ¿qué será, algún repelente de mosquitos?

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