Hay japonesillos que, sin saber español, saben lo que tienen que hacer y qué decir. Pero también los hay como Esute, que sólo habla japonés y lo poco de español que conoce hasta el momento. Cabe decir que, en su caso, se notaba su falta de dominio hispanófono en el misterio que encerraba la misteriosa frase "¿Mañana yo casa voy a viajo y necesito amigo hay la tienda de drogas?". No quedaba más que cruzar los dedos para que lo que buscaba fuera algo de la Plaza Tapatía.
El auto estaba lleno con tantas nacionalidades que hasta dos niños que iban en el asiento trasero del auto de su mamá nos quisieron saludar como si fueran fruta exótica. Escuché a uno de ellos decirle a su mamá que volteara a ver el auto de al lado, que porque iba conduciendo un chino, pero creí que ese tipo de confusiones sólo me pasaban en otras partes del mundo. Debo de ser el primer hombre de ojos más jalados que ellos han visto, porque últimamente no se ven muchos orientales en la tele, como que Televisa se enfadó de que todos se vieran iguales. en fin.
El primero a quien saludaron fue a Semefo, pero él iba jugueteando con la lengua, saboreando el paisaje con sus aparatitos ultra modernos, y no les hizo caso. En medio venía Esute, quien se asomó y los saludó con la lengua, a lo que ellos respondieron igual mientra le gritaban chino cochino y majadero. Como él no entiende mucho, les gritó adiós. Y Goya sólo lucía bonita como siempre.
Parecíamos una familia moderna porque arriba del auto nadie habló durante el trayecto hasta que le pedí a Goya que nos enseñara a cantar algo en italiano. Y eligió algo, según ella, fácil: Lasciate mi cantare, con la quitarra in mano... lasciate mi cantare, sono... Fue un buen ritmo, nos dijo que ella se echaba la canción y cuando dijera tuti nos tocaba cantar. Cantar así,con el acento que les dio dios para hablar. Yo como tapatío, Esute como japonés, Semefo como bareiní, Goya como italiana y Mimi igual que yo pero con más ritmo.
Hay en Goya un timbre natural de recitante o de poeta. Lo había notado ya cuando, al pasar por el pasillo que lleva a los cuartos, la escuché hablar en italiano por primera vez. Al principio, para evitar la conjetura de que se le hubiera zafado un tornillo, me dije que ella era de esas personas que disfrutan de leer en voz alta y para ellos, pues se escuchaba de forma melódica y ritmada, como si se estuviera leyendo una novela de Duras. Pero en ese instante se oyó la voz de otra persona, estaba hablando con su familia o su novio o con alguien, pero sí era detectable que él no tenía esa melodía. Ahora resulta que luego de tanto tiempo no la habíamos escuchado cantar aunque lo sabe hacer bien y cantó en una banda de rock por algún rato.
Nos estacionamos con el coro de lasciate mi cantare y el acompañamiento de la lambada que emitía el auto en reversa y salimos en busca de ese producto misterioso. Les dije a Goya y Mimi que fueran a ver ropa o algo mientras yo iba con Esute. Y Semefo no esperó orden alguna y al escuchar un "aquí en media hora" se fue por su lado, a jugar a la gallinita ciega.
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