Chín Chín

Cuando veo que entre tantos japoneses hay diversos gestos en común y maneras de responder, me comienzo a preguntar si ellos dirán lo mismo de los mexicanos, más específicamente, me gustaría saber si ante su mirada nosotros también parecemos hechos en serie y hacemos un mismo gesto similar al momento de pensar o de dudar o de apenarnos. Debido a que no me gustaría decir que quiero aprender japonés para entender el anime en su idioma original, nunca aprendí japonés y sólo sé decir las palabras de la siguiente lista:
  • Soy Manuel
  • Soy mexicano
  • Soy maestro de español
  • Soy delicioso
  • Dame poquito
  • Espérame tantito
  • Vámonos
  • Somos caballeros de Atena
  • ¿Qué?
  • Difícil
  • (Todos los ataques de los Caballeros del Zodiaco)
  • (Los nombres útiles de los personajes de Dragonball)
Así que, antes de entrar a la farmacia, comencé a buscar en mi cabeza la mejor forma de comunicarme con Esute, pues su español e inglés, limitable a decir "hora" y "sí", era tan vasto como mi japonés.

La verdad que, cuando se trata de hacer cosas que no queremos, empezamos a buscar algo que nos prolongue la angustia. Y desde el segundo piso, cerca de las farmacias, fingí que no sabía que Semefo se había separado y con un gesto de sorpresa más falso que una sonrisa de profesora, le mostré a Esute que el cieguito estaba allá, abajo, por las escaleras eléctricas.

Tanto yo como Esute nos quedamos un rato viendo a Semefo, quien parecía emprender un gran reto al buscar los peldaños; quizá los sensores no servían cerca del ruido del motor. Yo, por mi parte, intentaba recordar más palabras que pudieran ayudarme a descifrar qué necesitaba de la farmacia este japonesillo. Luego de ver que unos mexicanos finalmente le ayudaron al árabe a subir las escaleras, entramos, como si a los dos nos estuvieran obligando, a la farmacia.

Yo que siempre prefiero ir atrás y seguir a los otros, y ahora Esute no quería ir delante. Siendo que iba de vacaciones, supuse que al mar y fui hacia el pasillo de los bronceadores. Él solamente meneaba la cara, diciendo que no. ¿Shampoo? No. ¿Cámaras? No. Así que, ya rendido le pregunté ¿Chín chín? y señalé abajo. él bajó la mirada en seña de afirmación. ¿Medicina para Chinchín? Afortunadamente, dijo que no. Pero seguía yo sin saber qué tan difícil debe de ser para un japonés comprar condones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario