Pisa quedito

Y miren que yo he ayudado a comprar tantas cosas a la gente que no me sorprendió tener que ayudar aEsute en la Farmacia a comprar condones. Hasta diría que algunos lectores lo envidian porque el maldito no lleva ni una semana aquí, no sabe nada de español o inglés y sin embargo, en su fin de semana en no sé qué lugar de México, va a tener que embolsar su chinchín.

Todavía sabiendo qué quiere Esute, es difícil hablar del tema porque, a final de cuentas, está hablando con un hombre y es un tema tabú para culturas como la mexicana y no lo sé si para la japonesa. Algún estudiante me dijo de una calle en la que es famoso un hotel porque en una maquinita expendedora basta meter la moneda y hasta te da el servicio de ponértelo. No creo que sea sino una mentira, pero el mundo puede estar lleno de sorpresas. Como sea, que Esute, acostumbrado a comprarlos en máquinas modernas diseñadas para distribuir condones como si fueran cafés o refrescos, ahora debe ir a la farmacia y experimentar la interacción humana.

Nos dirigimos al escaparate de los condones, que siempre están junto a los jarabes para la tos. La señora de la farmacia nos miró con cara de picarones y Esute sólo pasaba su mirada de una caja a otra, seguramente se sintió como nosotros cuando vemos un sobrecito con letras japonesas. Yo, en mis adentros, sólo esperaba que no estuviera buscando algunos sabor a pulpo o en forma de tamagochi, porque de esos no había. Ya entrado en confianza, Esute sacó su aparatito. Y por aparatito me refiero a la traductora que todos los japoneses viajeros llevan consigo. Buscó una palabra o frase y dijo: "¿wasa bes?", que traducido no sé qué quiso decir y, lo peor, que su traductora era muy barata y sólo tenía la transcripción en katakana de lo que debía decir. Y sabor wasabi, como que tampoco había.

En eso, como en las películas de espanto, Semefo apareció detrás de nosotros y dijo "What's the best?" Pero como la situación no requería de explicaciones de cómo subió tan rápido ni cómo nos encontró entre tanta gente este señor, sigiloso como gato, yo le mostré a Esute la marca de los que dicen la tele y las malas lenguas y mis usos que son los mejores. y a eso, ya conforme, siguió Esute con otra pregunta: "¿wasa sin?"

Ahí, Semefo y yo no supimos de qué nos hablaba, porque no fue el precio, no fue lo largo, no se nos ocurrió nada ni se nos vino alguna similitud a la mente y yo terminé por señalarle, en esa marca, los más caros; por sí o por no, esperaba que se fuera contento, y si no, pues a estudiarle un poco. Al salir de la tienda, para intentar resolver el misterio, el arabito me preguntó qué había comprado Esute y siguió pensativo cuando se lo dije.
Como siempre, las mujeres compraron chocolates y ropas, lo cual parecía también productivo para todos. En el auto, todos se veían contentos y con ganas de regresar, pero como pasa cuado estás mucho tiempo con un extranjero haciéndola de niñera, me enfadé y, para no ver en ese día al japonesillo, lo llevamos a su casa, a donde entró canturreando el sono italiano que nos enseñó Goya. Ya para llegar, Semefo y yo hicimos al mismo tiempo un gesto de eureka. Resulta que Esute los quería delgaditos. Lo bueno de esto fue que le pude explicar a Esute que el pomo de Vick Vaporrub no era lubricante.

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